EL  KOJIKI

La principal fuente de la mitología japonesa es el Kojiki, nombre de la obra que generalmente se traduce al castellano como "Crónica de Asuntos Antiguos", "Libro de los Hechos de la Antigüedad" o "Anales de Hechos Arcaicos". Este texto fue recopilado por Hieda-no-Are, y redactado, en su forma final, por Ô-no-Yasumaro, a partir de varios escritos anteriores -que ya no existen-, y de las tradiciones orales que circulaban por Japón, en aquella época, en boca de los kataribe. Ambos personajes eran cortesanos del palacio imperial, y a principios del siglo VIII recibieron la orden de redactar un texto que recogiese la historia de Japón desde sus orígenes. En realidad, el deseo de reunir las antiguas memorias y crónicas circulaba en la corte desde décadas antes: el emperador Tenmu (672-287) había ordenado, hacia 681, la creación de una Junta que reuniese por escrito las pasadas tradiciones; al parecer, el objetivo de tal decisión era impedir que las viejas familias aristocráticas, en sus luchas, deformasen las arcaicas crónicas con el objeto de mejorar sus privilegios, ya que de este modo también podían lesionar los intereses de la familia imperial. Sin embargo, la muerte del emperador detuvo el trabajo de recopilación, que sólo fue reemprendido 15 años después. Así, la emperatriz Genmei decretó a finales de 711 la continuación de la obra, que sería presentada formalmente en la corte unos meses después, a principios del año 712. En cualquier caso, la forma que se conoce en la actualidad es una versión corregida, escrita en la segunda mitad del período Heian (794-1185).

El Kojiki está concebido bajo la forma de anales, es decir, crónicas que narran los acontecimientos año tras año, relatando, como hemos dicho, la historia de Japón, desde la creación del mundo hasta el fin del reinado de la emperatriz Suiko (628 ó 641). La obra se divide en tres libros: el Libro I trata de la "época de los dioses", y contiene toda la mitología propiamente dicha; el Libro II aborda en teoría la "época humana", aunque en realidad la leyenda todavía domina el relato; finalmente, el Libro III, aborda la historia real. Estos tres volúmenes, sin embargo, carecen de subdivisiones por capítulos. Pese a ello, para facilitar la lectura, los expertos japoneses, poco a poco, fueron dando a los diversos episodios de la "época de los dioses", algunos títulos con carácter informativo. Estos epígrafes adquirieron un valor reconocido desde que el intelectual japonés Motoori Norinaga los emplease en su estudio sobre el Kojiki (Kojiki-Den) en el s. XVIII (y en parte también los usaremos nosotros).

Desde el punto de vista filológico, el Kojiki está escrito en una extraña mezcla de japonés y chino arcaicos; ello se debe a que Ô-no-Yasumaro redactó el texto en caracteres chinos, que empleaba tan pronto con su sentido ideográfico original como con un valor puramente fonético (los estudiantes de japonés comprenderán pronto que este hecho refleja ya la doble lectura de los ideogramas). Puesto que el primer método no permitía recoger los nombres propios, las poesías autóctonas ni todas aquellas expresiones que carecían de equivalente en chino, mientras que el segundo hubiera exigido por cada palabra polisilábica japonesa tantos ideogramas como sílabas por reproducir, Ô-no-Yasumaro decidió resolver el problema desarrollando una escritura inventada que no era, en suma, ni la del japonés ni la del chino. Por ello, el Kojiki está redactado en una lengua heterogénea, que incluye desde el japonés puro más primitivo (sobre todo en los poemas incluidos) hasta textos en prosa con un marcado carácter chino, pasando por la mezcla de ambos.

El Kojiki es tratado en la actualidad como un material de primera calidad, siendo estudiado por historiadores, historiadores de las religiones, etnólogos, antropólogos, filólogos, etc. El Kojiki no sólo constituye la más antigua evidencia de la literatura japonesa; además, fue durante mucho tiempo la base esencial de la religión y de la historia nacionales, hasta el punto de que llegó a ser considerada como una "biblia", que debía tomarse al pie de la letra, durante el período nacionalista de preguerra, antes de la IIª Guerra Mundial (1939-1945) -si bien la censura tachaba de sacrílegos los pasajes donde se describían complots o atentados contra los emperadores-.

El Kojiki tiene, en definitiva, un estatus religioso, histórico-político y literario a la vez. Pero, como dijo Michel Revon, para nosotros será, ante todo, "el tesoro de los mitos, leyendas, ideas y emociones del Japón primitivo".
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